Hola, mi nombre es Josep Lluís y quiero compartir mi experiencia en Honduras. Para mí el voluntariado realizado en Honduras ha representado un sueño, una ilusión que llevaba años queriendo realizar. Y al volver, uno se pregunta porque no lo había hecho antes, y está convencido que, enseguida que pueda, lo volverá a realizar. Porque te llena tanto como persona, que decides continuar con ello, dentro de tus posibilidades. Porque no es viajar con mochila, con amigos o con agencia. Es vivir una experiencia que te llena la mochila con unos valores humanos nunca imaginados, vuelves con muchos amigos de esos de verdad y sabrás que viajar así es compartir, es vivir intensamente. Y sí, tienes que volver, pero una parte de tu corazón se habrá quedado ahí para siempre.

Nuestra vida aquí, en el Norte, llena de rutinas, comodidades, de tenerlo todo, nos deja ciegos ante los valores humanos, la sinceridad, la humildad y el dar sin esperar recibir nada a cambio. Todo esto se desvanece a la vuelta de un viaje así, ves con otros ojos la realidad, valoras al ser humano por lo que es y no lo que tiene, das otro valor a la familia, los amigos y la sociedad. Te sientes agradecido por lo que tienes, pero también cierta tristeza por los pocos valores humanos que tenemos y la falta de sonrisa con que andamos por las calles. Todo el contrario de lo que uno ha vivido. Con escasos recursos económicos, las personas del Sur son mucho más felices que nosotros, sonríen, comparten lo poco que tienen, adoran su familia, vecinos y toda su comunidad. Algunos no tienen nada, podríamos pensar. Muy equivocados estamos, pues tienen un corazón que late, que sueña, que ama, que está vivo, que es feliz. Algunos podríamos tener pena por ellos, que equivocados estamos, son ellos, sin saberlo los que viven con más plenitud que nosotros.

No lloréis por ellos, sino por vosotros. Aprended de ellos, no intentad imponer nuestro estilo de vida, pues el suyo es mejor. Cuando lo vivas, te convencerás.
Eso sí, ayudémosles en mejorar su calidad de vida en salud, en conocimientos técnicos, en viviendas dignas, en superar su miseria económica, pero no su estilo de vida. Dejemos que mantengan sus ideas, su cultura, su lengua, sus costumbres y tradiciones, … y su corazón. Porque el día que pierdan eso, se volverán tan inhumanos y materialistas como la mayoría de nosotros. Seamos responsables de que eso no pase.

Josep Lluís,
Voluntario en Honduras.

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